Editorial: Aún estamos a tiempo

DLF Redacción

La escasez de agua a causa del corte en el suministro del Sistema Cutzamala puso temporalmente en jaque a la Zona Metropolitana del Valle de México. En estos días, la vida cotidiana de sus habitantes se ha visto sensiblemente alterada, y nos ha acercado a una mirada de lo que podría ser el futuro de la capital, una de las ciudades con mayor demanda de agua en el mundo.

El cuidado ambiental ha sido una de las grandes preocupaciones de la Iglesia católica, especialmente durante el pontificado del Papa Francisco, quien con su encíclica Laudato Si’, ha puesto el dedo en la llaga: “Algunos estudios advierte el Santo Padre han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez de aguda dentro de pocas décadas, si no se actúa con urgencia”.

Es una realidad que en muchas zonas de la capital la demanda de agua potable ha superado la oferta sostenible, por lo que el llamado de Francisco se convierte en una voz profética que debe interpelar a todos, desde las autoridades, que tienen la obligación de administrar con equidad el vital líquido, hasta el último de los ciudadanos, que son los responsables de su cuidado.

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El Papa advierte también que el control del agua potable y limpia podría convertirse en una de las principales fuentes de conflicto social, sobre todo cuando ésta escasea y la clase gobernante actúa sin imparcialidad en su distribución.

En este sentido, debe entenderse como una prioridad invertir más en el mantenimiento del complejo sistema de aguas, en el que, increíblemente, alrededor el 40% del líquido se desperdicia en fugas, y crear la infraestructura adecuada para el  aprovechamiento de las aguas pluviales.

El correcto suministro de agua potable en el centro del país con uno de los sistemas de tuberías y túneles más complejos del orbe fue hace tres décadas uno de los mayores desafíos para el gobierno.

El reto ahora está en la óptima modernización, y el crear de manera urgente una cultura educativa sobre el cuidado de este recurso natural, que nos haga conscientes de que si bien el problema al que nos enfrentamos es mayúsculo, la solución aún está en nuestras manos.