Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

HUNGRÍA ESTÁ MUY LEJOS de nosotros -su capital es Budapest- y no obstante los miles de kilómetros que nos separan, compartimos problemas y situaciones que son comunes a muchas grandes ciudades -¡casi todas!-; así que hoy me detendré –muy breve- en el sector de lo que suavemente llamamos “personas en situación de calle”… REVISANDO ALGUNA NOTICIA me saltó a la vista que autoridades húngaras han prohibido a “los sin techo” dormir en la calle; la policía tienen órdenes de remitir a un albergue a ciudadanos “callejeros” –sin domicilio-, y si acaso alguien infringe el reglamento por tres veces en el lapso de 90 días, pues se le mandará a prisión y se le destruirán todas sus pertenencias: ¿qué te parece?… HACE TRES DÍAS CAMINÉ -muy de mañana- por calles nada turísticas del Centro Histórico, y volví a constatar el número tan elevado de personas que pernoctan como Dios no manda: junto a una fuente, al pie de la cortina metálica de tal o cual negocio, en ingresos a estaciones del Metro, a la puerta de templos, bajo los toldos de plazas comerciales, en callejones de mala muerte, en fin: donde menos te llegas a imaginar… LA INDIGENCIA NO ES SÓLO problema de personas concretas, individuos, ni aparece aislada; ordinariamente se acompaña de situaciones de demencia, de abandono familiar, de problemas de adaptación, de emigrantes, alcoholismo y drogadicción, prostitución y vandalismo; bien podríamos considerar que no es del gusto ordinario andar vagando como alma en pena por calles muertas, y –además- sobrevivir con alimentos que no son de dudosa procedencia, pues todos sabemos que el bote de basura esconde lo que desperdiciamos como si fuera obligación… AUNQUE PAREZCA INHUMANO, el proceder de autoridades húngaras esconde una lógica humanitaria, pues pretende proveer de situaciones mínimas y ordinarias –¡adecuadas!- de vida a los miles y miles de indigentes que hacían de una plaza pública su casa común, su centro social, su parque de diversiones, su dormitorio, su centro de salud (se llama “pálinka” al popular destilado de frutas con que suelen decir ¡salud!); ahora estará prohibido dormir en la calle… YO ESPERO ÉXITO en la estrategia política y social del gobierno húngaro y ojalá que la administración que iniciará funciones el próximo 1º de diciembre –aquí en nuestra Patria- retome el ejemplo con asesoría directa y efectiva, pues no estaría bien tanto ahorro republicano si no redunda en beneficio directo a quienes no tienen hogar… NO ES NADA SENCILLO ni tratar ni atender a este tipo de personas, pues hay quien de plano le gusta vivir “de la patada”, hay quien tiene resentimientos y traumas sociales prácticamente insalvables, hay quien ya ha construido así su modo de vida; ahora mismo recuerdo –entre otros- a Mario “Kananga”, un joven que así se “autoapodaba” pues le gustaba vivir y comerciar –a grito pelado- y estar todo el día y la noche frente al anuncio de menjurjes “Kananga”, en las afueras de una farmacia con nombre tan francés como su capital… EN ESTOS LARES metropolitanos de “Chilangolandia” no es tan difícil pasar un invierno a la intemperie por más frío que lo sea, pues no llega a nevar -¡ni por meses!- como sucede en Budapest, así que la prohibición gubernamental va precedida y acompañada con los recursos suficientes para ofrecer albergue, cena, ropa, atención médica, etc., a los “pordioseros” aquincenses (no, no se dice  “budapestences”)… ME DIO GUSTO ESPECIAL saber que la parroquia de Santa Cruz y Soledad (en el barrio de La Merced) se están ampliando los servicios y apoyos que se ofrecen a las personas “en situación de calle”: mi aplauso y reconocimiento al P. Benito Torres que coordina y vincula a diversas organizaciones (privadas y públicas) en una labor que parece imposible y ardua, inagotable y variopinta… LAS AUTORIDADES HÚNGARAS han recibido una serie de críticas y hasta denostaciones ácidas por la dicha prohibición, pero subrayo que su horizonte es ofrecer una mayor calidad de vida a todos estos hermanos “sin techo; indudablemente que tendrán problemas y dificultades de todo tipo, pero eso no debe impedir (ni a los gobiernos ni al P. Benito) tomar las debidas precauciones, o corregir, o replantear las tácticas -si es que es necesario- y seguir buscando la realización pública de lo que en ambientes catequéticos y teológicos llamamos “obras de misericordia”… SI A MÍ ME PROHIBEN utilizar mi automóvil en orden a la mejora del ambiente y para una mayor movilidad urbana, y etc., pues ojalá que se favorecieran sistemas de transporte público de calidad humana, y no digo que gratuitos pues todo tiene un costo: bien pagaríamos su precio real si fuera real el servicio y la calidad que deben tener… DIOS QUIERA QUE las autoridades húngaras les prohíban a los indigentes enfermarse, andar de ociosos, o vandálicos; y que las autoridades locales nos prohíban la ignorancia y la incultura, que nos prohíban la falta de respeto y los gritos en las cámaras (las de la “tele”, por supuesto, porque las otras creo que ni con chochos tienen remedio)…